Canibalismo: Acto de amor infinito. ENSAYO BASADO EN EL LIBRO "EL SABOR DE UN HOMBRE".

“Ven, ven a mí, para que no te pudras en la tierra,
deja que tu cuerpo desaparezca en mi.”
Slavenka Drakulic.


¿Cuantas veces no hemos deseado seguir viviendo en un cuerpo que no es el propio, perpetuarnos en un acto de amor y vivir después de nuestro deceso? ¿Cuántas veces no hemos querido satisfacer el hambre de los dioses al sacrificar al otro en el acto sublime de su ingesta?

En El sabor de un hombre Slavenka Drakulic habla sobre el deseo de ser perpetuos en el cuerpo del otro. El hambre insaciable que ha formado parte de la cultura religiosa de muchos pueblos, quienes ofrecen sus vidas a cambio de la eternidad. Acto de amor que hace a un lado cualquier concepción referente al salvajismo. El canibalismo forma parte del ritual de apropiación, salvación y unificación, entendiendo por ritual la liturgia establecida en un culto religioso.

Las ideas sobre este tipo de ofrenda se van perfilando como un medio para llegar a la perpetuidad y a la salvación, el uso de otros elementos, completa la idea del canibalismo cual si fuese un mecanismo para eternizar al ser humano o para comulgar con la divinidad. Tereza y José, personajes principales, se encuentran en una ciudad de nadie y lejos de casa, en una ciudad donde están solos y donde el lenguaje no les pertenece, el único lenguaje que comparten es el del cuerpo. Poco a poco descubren que jamás podrán regresar a sus lugares de origen y vivir sin el otro, a menos de que uno de ellos se entregue en un acto sublime, como lo es la muerte. Al contarnos la historia en presente, Tereza nos habla sobre su experiencia frente al canibalismo como una necesidad para unificarse con José; al interiorizarlo, lo volverá parte de ella.
En cada página se pueden oler rastros de la sangre del cuerpo de José (ese cuerpo que ya no era suyo), aquellos diminutos trocitos de carne expulsados por la sierra al cortar su cuerpo, el paso que deja el hambre divina en el día a día de Tereza y la inmortalidad alcanzada mediante un acto más carnal que el ayuntamiento sexual: la ingesta del otro. Canibalismo es comprendido como un ritual en que existen muchos factores influyentes en su realización, éstos pueden ser el entorno en que se desarrolla dicho ritual, la atmósfera creada, el modo de llevarlo a cabo y lo más importante: el significado para los practicantes.

La autora nos proporciona datos sobre canibalismo, que nos ayudan a comprender su concepción de ritual tanto para ella como para sus personajes. Cita ejemplos en que se manifiesta el ritual de ingerir al otro: un grupo de jóvenes sobrevivientes en los Andes, el ritual practicado por la tribu Gini (permite a los hombres vivir eternamente al ser comidos por sus mujeres) o la historia de un japonés que a través del canibalismo podría llegar a sentir consigo la existencia de la mujer a la que amaba. Estas tres ideas forman parte de la clave para comprender la imagen que se desea transmitir sobre el canibalismo en la novela.

La similitud creada entre la novela y el ritual de la tribu Gini es fantástica, sirve de preámbulo para imaginar que Tereza una vez encaminada por la senda de la muerte, comerá trozos del cuerpo de José, de este modo, él podrá vivir eternamente. Funciona igual que la hostia que poco antes del acto, ella recibe con tranquilidad en la boca, la hostia que otorga comunión al creyente pues simboliza el cuerpo de cristo, el cuerpo de José. Mientras la historia va corriendo como chorros de sangre en la bañera, la estancia en el apartamento es cada vez más constante. José se vuelve una presencia recurrente en el espacio que comparten ambos personajes y da la impresión de que éste se autoinmola, otorgándole a Tereza todo el poder sobre su vida. Se encuentra cerca de aquella mujer de mirada inquisidora que le dará la muerte y así mismo… la vida eterna.

Al hablar del entorno que envuelve a los personajes principales (la mayor parte del tiempo y donde se llevan a cabo los sucesos más importantes) es muy simple: un apartamento en la ciudad de Nueva York. Sitio aislado, donde Tereza y José son los únicos participantes. Lugar y espacio forman parte de la apropiación, cual si recreasen un ritual en cada cosa, en cada acto (comer, dormir, hacer el amor). Ambos utilizan el cuerpo como el único territorio conocido en aquel país que les resulta tan extraño y mediante el espacio compartido, se empiezan a unir las piezas de un gran rompecabezas que terminará por unificarse y no separarse nunca.

Así mismo Drakulic va uniendo piezas en el discurso, que es contado como un recuerdo (puesto que es vista por el personaje principal, como un recuerdo de lo que ocurrió), y al juntar filamentos de memoria, lentamente vuelve a El sabor de un hombre una historia de amor infinito, de comunión con el otro. La diversidad de vocabulario empleado nos ayuda a tener una lectura fluida y nos enriquece (puesto que maneja varias palabras), al aportarnos una idea distinta sobre el sacrificio que implica el canibalismo, todo es una historia de amor contada por aquella que sobrevive a naufragio de pasiones; por la que lleva en su cuerpo el cuerpo del hombre al que amaba.

La idea más recurrente al hablar de canibalismo nos hace creer en éste como ritual asociado a tribus salvajes (comer al otro nos resulta un acto de salvajismo), sin embargo las causas (aquí expresadas) del canibalismo nos remiten a un acto de amor hacia los dioses y hacia el individuo. Un ejemplo certero es la religión católica, que ofrece a sus fieles el cuerpo y la sangre de cristo, medio por el que alcanzarán la comunión con su dios; un dios que les promete un tiempo eterno, muy similar al que José aspira. “¿Por qué motivo se iba a diferenciar éste tipo de canibalismo de los indígenas sudamericanos, si ambos eran cuestión de religión y no de comida?”

El tiempo en que es contada la historia comienza en presente: cuando Tereza trata de limpiar el departamento, antes de irse de vuelta a Polonia. Después conforme avanza, el pasado es contado como un presente que se mantiene vivo en la memoria y que nos ayuda a entablar relación con la historia y los recuerdos de ésta mujer, mezclados con pasados hipotéticos, en los que ella crea suposiciones de cosas que hubieran podido pasar y que nunca sucedieron. Tereza y el tiempo viajan del presente al pasado inmediato y de ahí a un pasado más lejano (a su infancia). Nos relata momentos en la vida de José en Brasil, de su vida en Polonia y luego regresa al presente para contarnos sobre una ciudad que inunda todas sus calles con montones de basura y soledad… sobre el José que ahora y desde aquella noche (impregnada con olor a muerte, alcohol y comunión), vivía dentro de ella.

Escrito por MAR GASCA.

3 comentarios:

¡Los fabulosos gatos malabraristas! dijo...

Sacher-Masoch tiene un cuento (no recuerdo el nombre) en el que un sujeto, luego de un despecho amoroso, se va al áfrica y ahí encuentra una tribu de amazonas (ya sé que el amazonas está en américa, pero yo no escribí el texto), se enamora de la líder y ella de él, al final del cuento, el acto en el que la jefa entra en comunión con él es cuando lo comerá, le dice algo como: Te amo tanto que te comeré.

Me lo recordó.

(además que esta novela es buenísima... y desafortunadamente poco conocida)

Ms.Lovecraft dijo...

Me encanto la trama del libro, lo buscare espero conseguirlo

Anónimo dijo...

Il semble que vous soyez un expert dans ce domaine, vos remarques sont tres interessantes, merci.

- Daniel